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Leyenda
La piedra china Se cuenta que hace mucho tiempo vivió por el rumbo de la piedra china una mujer. Se la describía como hermosa, bien proporcionada, de mirada y sonrisa cautivante. Sumado a lo anterior, la caracterizaba su alegría y gusto por los bailes. Dicha mujer tenía dos hijos pequeños, a quienes con frecuencia dejaba solos para asistir a todo tipo de fiestas y bailes. En una ocasión que salió para asistir a uno, la sorprendió una fuerte tormenta que le impidió regresar aquella noche. A medida que avanzaba la noche, comenzó a preocuparse por la suerte de sus hijos, pero nada pudo hacer, el río había crecido tanto, que era imposible cruzarlo. Hubo de esperarse hasta el día siguiente. Se cuenta que la mujer ambulaba de un lado a otro con el rostro ensombrecido, por la angustia de no saber de sus hijos. Ya no estaban, habían sido tragados por los cerdos.
Se dice que al contemplar aquella escena enloqueció. Después desapareció. Se le llego a ver como sombra, casi como un fantasma por el rumbo en busca de sus hijos. También se dice haberlas escuchado gemir lastimosamente, siempre balbuceando el nombre de sus pequeños. La versión popular establece que el castigo de esta mujer fue que quedo convertida en piedra, la que hoy conocemos como Piedra china y que permanece enterrada desde ase mucho tiempo en el barrio que hoy lleva ese nombre (La piedra china).
Leyenda de San Nicolás Se dice que en el cerro de San Nicolás, en la cueva del Meco, fue encontrada una imagen de San Nicolás Tolentino. Una versión cuenta que mientras un hombre buscaba leña, su hijo encontró dicha imagen cuando jugaba. El niño se convirtió así en “mensajero”, pues la imagen se comunicó con él para pedirle al párroco se le construyera un templo en Colotlán. La petición fue desatendida al principio, pero luego de confirmar que aquella era imagen reconocida por la iglesia se accedió a la construcción de un templo en su honor. Traída la imagen y puesta en un lugar destinado para ello sucedía que un día después no estaba, desaparecía inexplicablemente. Ocurrido este incidente, repetidas veces, la lógica popular indicó que quizá debería traerse bajo ciertas condiciones. Justo cerca de la cueva se hallaba un tronco ahuecado, cuyo golpeteo con algunos palitos dejaba escuchar un ritmo peculiar. A este se le llamo toncontín y se dedujo que tal vez al santo le gustaba la música y el baile. Fue hasta entonces que a ritmo del mencionado instrumento rústico y bailando, trajeron la imagen, donde permanece hasta nuestros días. Otra versión relacionada con esta leyenda es aquella que señala que al ser esta una región indómita y difícil de evangelizar, los misioneros debieron crear una estrategia que permitiera combinar ritos prehispánicos religioso con los cristianos. Como parte de la tradición relacionada con esta leyenda, resulta la costumbre de bailarle al santo, no solo durante el novenario, sino cualquier época del año en que se le visita, para “pagarle la manda”. De esta misma leyenda surge el refrán popular que dice “me la pagarás con bailadas”. Del toncontín se sabe que no hace mucho tiempo aún permanecía en el templo en el atrio de San Nicolás, de donde desapareció. Se cree haberlo visto en algún museo.
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